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viernes, 17 de abril de 2009

Filariosis (Gusano del Corazón)

En artículos anteriores nos hicimos eco en este blog de una enfermedad de gran importancia que causa un número muy importante de bajas al año entre la población canina. Hablamos de la leishmaniosis y veíamos que al no existir una vacuna eficaz que la previniera, solo nos valíamos de un tratamiento costoso, complejo y en muchos casos ineficaz.
Para distinguir esta patología con otra no menos importante denominada filariosis, sobre todo en esta época primaveral que comenzamos, y que a veces lleva a error al propietario de perros y rehalas, vamos a dedicar esta sección a aclarar los aspectos básicos de esta enfermedad y destacar las diferencias que existen con la leishmaniosis, que como se verá son muchas.
En primer lugar, el error más importante que se produce entre ambas enfermedades es su nombre común. Mientras la leishmaniosis solo es conocida por este, la filariosis es la denominada enfermedad del gusano del corazón. Esto es debido como veremos más adelante a que este órgano es el destino final del parásito responsable de la enfermedad.
Podemos definirla como un grave proceso parasitario causado por un verme redondo, de gran tamaño, ya que en ocasiones alcanza los 25 ó 30 centímetros y cuyas crías, llamadas microfilarias, son trasladadas de un hospedador a otro por la picadura de un mosquito. Su destino es el lado derecho del corazón y los vasos pulmonares, aunque en su ciclo pueden causar lesiones en las arterias y los pulmones, incluso lesiones secundarias en riñón e hígado. Se alimentan de nutrientes que obtienen desde la circulación sanguínea del perro. Como vemos, en el agente causal radica la primera gran diferencia con la leishmaniosis y de su ciclo biológico y órganos que invaden surgen el resto que las harán enfermedades totalmente distintas.
Esta enfermedad se encuentra en cualquier zona templada y cálida del mundo, aunque bien es verdad que se está expandiendo a zonas con climas algo más extremos por la adaptación que está experimentando el parásito. Los mosquitos transmisores, a diferencia del flebótomo que transmitía la leishmaniosis, necesita de zonas encharcadas donde se desarrollan sus larvas. Por esto es más frecuente encontrar la enfermedad en zonas con ríos, áreas con abundante vegetación, cultivos de regadío, etc. En España, las zonas de mayor prevalencia son el sur de la península y las Islas Canarias. Pero es en este número cuando hemos querido abordar la filariosis porque es ésta la época de mayor riesgo de contraer la enfermedad. De hecho, el mosquito, a parte del medio húmedo para el desarrollo de las larvas, requiere temperaturas medias superiores a los 14ºC para completar su ciclo biológico. La intensidad de la luz y el viento influyen en el tamaño de las poblaciones de mosquitos por lo que condicionan la incidencia de la filariosis. El desarrollo se inhibe a temperaturas inferiores a los 12°C


Cuando un mosquito pica a un animal infectado absorbe junto a la sangre que succiona las “crías” del parásito que llamamos microfilarias y éstas atraviesan a su aparato digestivo para acabar situándose en la zona del aparato chupador del mosquito, a la espera de que éste pique a otro perro y se puedan introducir en él. Tras conseguirlo maduran en el interior del perro hasta llegar a su destino final que es el corazón y las grandes venas pulmonares donde se reproducen y excretan más microfialrias a la sangre. Tienen tal poder de invasión las larvas en el interior del perro que se ha detectado la transmisión de las madres preñadas a los fetos al traspasar el parásito la placenta.
Sólo el perro y algún cánido más como el zorro o el lobo son hospedadores definitivos del parásito. El hombre puede ser hospedador accidental, lo que significa que no se desarrolla el parásito dentro de él y por tanto no podemos hablar de zoonosis, es decir, de enfermedad transmisible al hombre desde los animales. Como vemos esta es una enfermedad importante en núcleos zoológicos como rehalas ya que un solo perro puede llegar a ser fácilmente la fuente de infección para la totalidad de la zona.
La sintomatología es consecuencia de la distribución y asentamiento de los parásitos en el organismo del perro. En primer lugar, al obstruirse las venas de salida del corazón se observará hipertensión pulmonar que provocará tos, disnea o dificultad respiratoria, y una menor tolerancia al ejercicio, cansándose con mínimos esfuerzos y presenta apatía general. Según se agrava la enfermedad aparecen síncopes y pérdida de peso, aún con buen apetito. La epístaxis, o hemorragias nasales, pueden presentarse en perros con enfermedad arterial pulmonar grave y embolias. Por desgracia, la enfermedad de gusano del corazón ocasiona muchas de sus lesiones antes de que aparezcan síntomas clínicos. Cuando los síntomas llegan a ser evidentes, la enfermedad suele estar ya muy avanzada y el daño a los órganos internos puede ser irreversible.
El tratamiento es algo complejo pero suele ser favorable. Varía en función de la gravedad del proceso, desde la mera aplicación de un fármaco que elimine los vermes y las microfilarias, con reposo posterior para evitar daños pulmonares por obstrucciones de gusanos muertos, hasta la extracción quirúrgica de los gusanos adultos con unas pinzas especiales introducidas a través de la yugular. También se aplicará un tratamiento sintomático en función de la presencia de hipertensión pulmonar, neumonías, tromboembolias, etc.
Pero la buena noticia en la enfermedad de la filariosis es que, a diferencia de lo que veíamos en la leishmaniosis, donde la única prevención que podíamos aplicar era el uso de collares con sustancias repelentes de mosquitos, si tenemos un tratamiento preventivo sencillo, eficaz y económico para atajar drásticamente la infección de esta enfermedad en nuestros animales. Este tratamiento se debe realizar desde el comienzo de la época de vuelo de los mosquitos hasta 1-2 meses después de su desaparición. Es decir que en este momento en que estamos debe comenzarse, ya que a finales de marzo o principios de abril ya vuelan mosquitos en nuestra zona, y se debe retirar el tratamiento en octubre o noviembre. La ivermectina es uno de los fármacos de elección después de caer en desuso la dietilcarbamacina que producía riesgo de shock anafiláctico. Basta con dar al animal un comprimido cada mes durante el periodo de riesgo. En España está registrada para utilización en la prevención de la dirofilariosis con el nombre de Cardotek y en asociación con el pamoato de pirantel que es un antiparasitario interno, como Cardotek-Plus. Existen ya otros derivados eficaces de la ivermectina como la melbemicina, la selamectina o la moxidectina. Cada uno tiene una forma de aplicación y previene además de otros parásitos, tanto internos, (áscaris), como externos, (pulgas). Todos se administran una vez al mes, ya que actúan sobre las larvas que introducen los mosquitos debajo de la piel y que permanece allí durante esos 30 días que es justo la forma de aplicación del preventivo


Sólo hay un requisito que es fundamental antes de la aplicación de este tratamiento preventivo, y es el diagnóstico previo de la existencia de la enfermedad. Esto es debido a que la aplicación de este tratamiento en caso de que el animal estuviese parasitado con el gusano del corazón provocaría la muerte del parásito provocando complicaciones tromboembólicas que podrían causar síncopes y la muerte del animal.