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Pequeños animales: con Clinica Veterinaria en Miguelturra
Bovino: Gestión, Inseminacion artificial, Cirugía...
Ovino y caprino: Gestión, Reproducción, Ecografía...
Imparticion de Cursos de Manipulador de Alimentos y Bienestar animal en el Transporte
Actividades Cinegéticas y Matanzas Domiciliarias

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CENTRO VETERINARIO LA ESTRELLA

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C/REAL, 76, MIGUELTURRA

domingo, 29 de marzo de 2009

LEY DE PERROS POTENCIALMENTE PELIGROSOS




En este artículo vamos a tratar una polémica ley que desde hace unos años está en vigor en nuestro país y que nos afecta a todos los amantes de los perros, en especial de las razas grandes. Es la ley de perros potencialmente peligrosos. Hace una década se creó una gran alarma social por la muerte de varias personas, entre ellas niños, al ser atacados por perros. Para apaciguarla el gobierno de la época se vio abocado a gestar una ley que fue creada en un ambiente de premura que la hizo injusta para algunos animales y totalmente desajusta a la realidad social, y que hoy día sigue vigente.
Vamos a desgranar los aspectos más importantes de la misma. En primer lugar define a un animal potencialmente peligroso como todo el que, perteneciendo a la fauna salvaje, siendo utilizado como animal doméstico, o de compañía, con independencia de su agresividad, pertenece a especies o razas que tengan capacidad de causar la muerte o lesiones a las personas o a otros animales y daños a las cosas y los animales domésticos o de compañía que reglamentariamente se determinen, en particular, los pertenecientes a la especie canina, incluidos dentro de una tipología racial, que por su carácter agresivo, tamaño o potencia de mandíbula tengan capacidad de causar la muerte o lesiones a las personas o a otros animales y daños a las cosas.
En segundo lugar obliga a quien quiera ser poseedor de este tipo de animales a obtener una licencia, para lo que deberá ser mayor de edad, no haber cometido una serie de delitos que se especifican, un certificado de aptitud psicológica y la formalización de un seguro de responsabilidad civil. Después de determinar los factores que afectan a su comercio, determina las obligaciones de los propietarios, criadores y tenedores, siendo la primera, la identificación del animal. Obliga a cada municipio disponer de un registro de animales potencialmente peligrosos, pero es obligación del propietario ir al Ayuntamiento correspondiente a inscribirlo quince días después de la obtención de la licencia como máximo. A su vez existirá un registro autonómico centralizado. En los registros constará cada incidencia que provoque ese animal y su situación sanitaria con su correspondiente certificado.
También regula el adiestramiento canino, prohibiendo específicamente su entrenamiento para acrecentar y reforzar su agresividad para las peleas. Además el adiestramiento deberá realizarse por profesionales en posesión de un certificado de capacitación y deberán notificar cada entrenamiento que realicen de un perro potencialmente peligroso.
Un tema que aborda y que es bastante polémico es la esterilización. Había sectores que defendían esta práctica en animales pertenecientes a determinadas razas, como ya se defendía en algunos países europeos con leyes similares. Sin embargo y aplicando el sentido común la ley sólo obliga a realizar la esterilización de un animal cuando una autoridad administrativa o judicial lo determine. En el resto de casos será siempre voluntaria y bajo supervisión veterinaria. Se regula del mismo modo las adecuadas condiciones higiosanitarias de los animales y la garantía por parte de sus propietarios de garantizar la óptima convivencia de estos animales con los seres humanos y se eviten molestias a la población
Cuando las circunstancias así lo aconsejen, podrán establecerse excepciones al cumplimiento de determinadas obligaciones de los propietarios en casos de organismos públicos o privados que utilicen estos animales con una función social, explotaciones agrarias que utilicen perros de guardia, defensa y manejo de ganado, así como actividades de carácter cinegético, sin que los mismos puedan dedicarse, en ningún caso, a actividades ilícitas. Pruebas de trabajo y deportivas con fines a la selección de los ejemplares que participan en las mismas y que estén autorizadas y supervisadas por la autoridad competente, con exclusión de los ejercicios para peleas y ataque, según lo dispuesto en esta Ley.
Como muchas leyes, describe las sanciones aplicables en caso de infracción. De este modo, tendrán la consideración de infracciones administrativas muy graves las siguientes:
Abandonar un animal potencialmente peligroso, de cualquier especie y cualquier perro, entendiéndose por animal abandonado, tanto aquel que vaya preceptivamente identificado, como los que no lleven ninguna identificación sobre su origen o propietario, siempre que no vayan acompañados de persona alguna.
Tener perros o animales potencialmente peligrosos sin licencia.
Vender o transmitir por cualquier título un perro o animal potencialmente peligroso a quien carezca de licencia.
Adiestrar animales para activar su agresividad o para finalidades prohibidas.
Adiestrar animales potencialmente peligrosos por quien carezca del certificado de capacitación.
La organización o celebración de concursos, ejercicios, exhibiciones o espectáculos de animales potencialmente peligrosos, o su participación en ellos, destinados a demostrar la agresividad de los animales.
Asimismo, tendrán la consideración de infracciones administrativas graves las siguientes:
Dejar suelto un animal potencialmente peligroso o no haber adoptado las medidas necesarias para evitar su escapada o extravío.
Incumplir la obligación de identificar el animal.
Omitir la inscripción en el Registro.
Hallarse el perro potencialmente peligroso en lugares públicos sin bozal o no sujeto con cadena.
La negativa o resistencia a suministrar datos o facilitar la información requerida por las autoridades competentes o sus agentes, en orden al cumplimiento de funciones establecidas en la Ley, así como el suministro de información inexacta o de documentación falsa.
El resto de infracciones se consideran leves.
Como vemos, para la presencia y circulación en espacios públicos de los perros potencialmente peligrosos, será obligatoria la utilización de correa o cadena de menos de dos metros de longitud, así como un bozal homologado y adecuado para su raza. Es decir, que actitudes que a diario vemos en la vía pública y que consideramos como normales son, según esta ley, infracciones graves.
Para desarrollar esta ley fue publicado un Real Decreto que tenía los siguientes fines: Por un lado, determinar los animales potencialmente peligrosos pertenecientes a la fauna doméstica de la especie canina. Por otro, establecer los requisitos mínimos necesarios para obtener las licencias administrativas que habilitan a sus titulares para la tenencia de animales potencialmente peligrosos y también, fijar las medidas mínimas de seguridad exigibles para su tenencia.
El primer punto es el más polémico puesto que publica en un anexo una serie de razas que por el mero hecho de pertenecer a ellas, un perro es automáticamente considerado potencialmente peligroso. Estas razas son las siguientes: Pit Bull Terrier., Staffordshire Bull Terrier, American StaffodshireTerrier, Rottweiler, Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu y Akita Inu. Pero no acaba aquí la cuestión ya que a continuación cataloga como tales a todos aquellos animales que tengan todas o la mayoría de las características siguientes:
Fuerte musculatura, aspecto poderoso, robusto, configuración atlética, agilidad, vigor y resistencia.
Marcado carácter y gran valor.
Pelo corto.
Perímetro torácico comprendido entre 60 y 80 centímetros, altura a la cruz entre 50 y 70 centímetros y peso superior a 20 kg.
Cabeza voluminosa, cuboide, robusta, con cráneo ancho y grande y mejillas musculosas y abombadas. Mandíbulas grandes y fuertes, boca robusta, ancha y profunda.
Cuello ancho, musculoso y corto.
Pecho macizo, ancho, grande, profundo, costillas arqueadas y lomo musculado y corto.
Extremidades anteriores paralelas, rectas y robustas y extremidades posteriores muy musculosas, con patas relativamente largas formando un ángulo moderado.
Es decir que todas las razas de tamaño grande cumplen varias de estas características incluyendo en el grupo de perros potencialmente peligrosos razas tan nobles como el labrador, el bóxer, el gran danés, etc.
El Colegio Oficial de Veterinarios de Barcelona impugnó este Real Decreto por considerar que la peligrosidad no viene dada por la raza sino por la educación recibida por el animal . Alegaba que un perro no es potencialmente peligroso por pertenecer a una raza, sino por la educación concreta que le hayan proporcionado sus propietarios o poseedores, junto con las circunstancias en que vive y ha crecido". De este modo, rechazó las características que describe el texto legal para establecer cuándo un perro es peligroso, al afirmar que éstas "carecen de rigor científico". "Un perro no es peligroso por tener el pelo corto, mucho valor o el cuello ancho", explica el recurso de esta corporación. Los animales potencialmente peligrosos pueden "poseer esa condición por una modificación de su conducta a causa del adiestramiento recibido y a las condiciones ambientales y de manejo a que son sometidos por parte de sus propietarios y criadores"
Para crear una correcta legislación sobre este tema, en primer lugar se hace imprescindible la estrecha colaboración de profesionales para la redacción de la misma. Una de las denuncias del colegio de veterinarios de Barcelona en su recurso era que no se había solicitado la colaboración de este sector profesional. Después se hace imprescindible que exista previamente una ley básica a nivel nacional de Protección animal que enfatice la protección de los animales en un grado efectivo y real, tal como el control de la proliferación de abandonos y maltratos hacia los mismos; lo cual redundara en lograr perros sociabilizados y pacíficos. El 98% de los ataques de perros se producen por culpa y responsabilidad de sus propios dueños. Entre octubre de 1991 y junio de 2005 fallecieron 21 personas a causa de ataque de perros. Si este dato se analizara caso por caso habría que descartar algunos de ellos como ataques, como por ejemplo cuando en noviembre de 2001 un señor que paseaba con su perro sufre una caída y muere por las heridas que le provoca éste al intentar socorrerlo. Pero lo más flagrante es que la mayoría de las muertes se producen por animales que de ningún modo cumplirían las condiciones básicas que se promulgarían en esa hipotética ley de protección animal, ya que se trata de animales asilvestrados, consecuencia directa del abandono, animales agresivos que viven gran parte de su vida atados con cadenas, y por supuesto perros incitados desde cachorros en técnicas de adiestramiento para ataque y defensa. Esta ley de protección animal, tan necesaria como olvidada por las autoridades ha sido incluida en programas electorales que hacen que la sensibilidad de la sociedad hacia los animales infle sus resultados electorales y una vez ganadas las elecciones se pongan excusas como que son competencias autonómicas y por ello no se puede conjugar en una ley a nivel nacional. Pero si esto es así, ¿por qué ha sido posible la creación de esta ley que hoy nos ocupa y que está tan mal creada que tiende a no investigar el origen de estos supuestos “comportamientos agresivos”, sancionando, estigmatizando y gravando tanto a perros como a sus dueños responsables? Estas medidas coercitivas y estigmatizadoras a ciertos perros y ciertas razas solo demuestran el profundo desconocimiento que en la materia manifiestan nuestros legisladores.
En definitiva y como resumen a esta ley podemos sintetizarla con 2 preguntas. En primer lugar, ¿Qué condiciones o requisitos debemos reunir para poseer perros potencialmente peligrosos?
Se necesita obtener una LICENCIA ADMINISTRATIVA, otorgada por la autoridad municipal o estatal, cumpliendo obligatoriamente los siguientes requisitos:
Ser mayor de edad para lo que es necesario presentar el D.N.I.
No presentar antecedentes penales con respecto a algunos supuestos como delitos contra la propiedad, la moral, la libertad sexual, homicidio...Para demostrarlo se debe ajuntar un certificado de penales que se obtiene en el Registro de Antecedentes Penales, y una declaración jurada de no haber sido sancionado por esta ley
Disponer de capacidad física y psicológica para poseer uno de estos animales. La certificación la obtendremos en cualquier centro de reconocimientos médicos como por ejemplo los centros para la renovación del carné de conducir o permiso de armas
Acreditación de haber suscrito un seguro de RESPONSABILIDAD CIVIL por daños a terceros por valor de 120.000 €
Una vez obtenidos todos estos permisos el Ayuntamiento nos concederá la LICENCIA PARA TENER PERROS POTENCIALMENTE PELIGROSOS que deberá renovarse cada 5 años. Deberemos inscribir los perros potencialmente peligrosos en un registro creado a tal efecto "El registro municipal de perros potencialmente peligrosos", que nos dará una certificación acreditativa de que está inscrito en el mismo. Para inscribirlo debe llevar microchip de identificación, y un certificado veterinario demostrando que está en perfecto estado de salud, debiendo anualmente renovar este certificado (puede hacerse en la clínica veterinaria).
Y en segundo lugar, ¿qué medidas de seguridad debemos tener si poseemos perros potencialmente peligrosos?
1.- Deberemos llevar en lugares públicos la copia de la licencia administrativa y de la inscripción en el registro de perros potencialmente peligrosos.
2.- Será obligatorio el uso del bozal, en lugares públicos. Así como el uso de correa o cadena de menos de 2 metros no extensible y no pudiéndose llevar más de un perro de este tipo por persona.
3.- Los animales potencialmente peligrosos que se encuentren en parcelas, chalets, terrazas, patios o similares deberán estar atados a no ser que se posean las pertinentes medidas de seguridad en cuanto a altura, cerramiento y superficie para proteger a las personas o animales que se acerquen.
4.- Los criadores de estos animales deberán en todo momento disponer de las condiciones necesarias de seguridad para mantener estos animales.
5.- La sustracción o perdida de un perro potencialmente peligrosos debe notificarse por parte del titular al responsable del registro municipal de perros potencialmente peligrosos en las 48 horas posteriores a que se tenga conocimiento de estos hechos.
Como vemos, ni siquiera existe un control real de lo planteado en la Ley, ya que las instituciones vinculadas no poseen el personal, la prestancia, dedicación o simplemente el criterio técnico para asumir dichas responsabilidades.

lunes, 23 de marzo de 2009

LEISHMANIOSIS CANINA






La leishmaniosis es una enfermedad propia de climas cálidos que se transmite a través la picadura de un mosquito. Este factor determina que a muchos de nuestros clientes les cree confusión con otra enfermedad transmitida del mismo modo, la llamada filariosis o más conocida como el “gusano del corazón”. Sin embargo ésta desarrolla una sintomatología más concreta, con afecciones principalmente cardíacas. Y sobre todo es fácil de prevenir con un simple comprimido de un fármaco denominado ivermectina. Sin embargo la leishmaniosis, como veremos a continuación, es mucho más compleja.
Afecta tanto a machos como a hembras y no tiene mayor incidencia en unas especies que en otras. En algún estudio se ha detectado una mayor prevalencia en ciertas razas de perros de caza o razas de mayor tamaño, pero se ha llegado a la conclusión de que se debe a que son razas más expuestas al insecto vector que otras que habitan en un ambiente más doméstico y suelen ser razas de menor tamaño. Un factor que sí parece decisivo es la edad ya que en los estudios realizados si se observa que aumenta la prevalencia de la enfermedad hasta llegar al máximo a los 2 ó 3 años y luego va disminuyendo según avanza la edad, aunque a los 7 u 8 años vuelve a aumentar la incidencia de la enfermedad. Por eso estas dos etapas de la vida de un perro son las más susceptibles para que contraiga la leishmaniosis. El agente que provoca la enfermedad no es un parásito como en el caso de la filariosis que está provocada por un gusano y muy fácil de atacar farmacológicamente. Y tampoco es una bacteria por lo que no se puede combatir con antibióticos. Se trata de un protozoo que es un microorganismo unicelular mucho más complejo que las bacterias y más difíciles de combatir. De hecho, enfermedades tan graves como la malaria o la enfermedad del sueño están producidas por protozoos. Es transmitida por un mosquito llamado flebótomo, comúnmente conocido como “beatillas”, mucho más pequeño que los mosquitos que vemos normalmente durante las épocas estivales. No es nada fácil verlo, y tampoco oírlo, dado que no hace el típico zumbido al volar. Solamente pican las hembras, que necesitan sangre para desarrollar los huevos. Los machos se alimentan de azúcares y plantas. A diferencia de lo que se suele cree no hay más flebótomos en zonas acuáticas ya que no se reproduce en charcas o aguas estancadas sino en materia orgánica almacenada.
Cuando ese mosquito introduce su aparato chupador en un capilar de la piel del perro al que está picando el parásito se introduce en el mismo, pero sólo si antes había picado a otro perro infectado, ya que de lo contrario el mosquito no está infectado y no transmite la enfermedad. El parásito se transforma en el interior del mosquito en el que permanece entre 4 y 25 días. Es muy importante dejar claro que esta enfermedad no se transmite por contacto directo, secreciones (saliva, etc), heridas, orina ni heces.

Una vez introducido en la sangre a través de la probóscide del mosquito, la forma de diseminación de la enfermedad es por vía linfohematógena, es decir, a través del sistema linfático y del torrente circulatorio. Por eso es capaz de llegar a todos los órganos y tejidos lo que conlleva la enorme variedad de sintomatología que puede desarrollar esta enfermedad
El éxito o fracaso de la diseminación de la enfermedad con sintomatología clínica depende principalmente del sistema inmune del animal infectado, que si es potente puede eliminar por sí mismo al parásito o controlarlo en el interior de su organismo impidiendo la manifestación de los síntomas. Cuando el sistema inmune no es capaz de controlarlo comienza la diseminación por los órganos como piel o uñas, sangre, ojos, músculos, riñones, hígado, etc. De estas localizaciones dependen los síntomas clínicos que pueden ser dermatitis, piel seca, caspa, ulceraciones en la piel de difícil cicatrización, crecimiento excesivo de las uñas, apatía, debilidad, adelgazamiento progresivo, atrofias musculares, pérdida de pelo en zonas concretas como alrededor de los ojos (por lo que también se conoce a este síntoma la “cara de payaso” de la leishmaniosis por el aspecto que da al animal este tipo de alopecias), conjuntivitis, hemorragias nasales asociadas con la inflamación y ulceración de la mucosa nasal, alteraciones renales y hepáticas, etc.
El diagnóstico es bastante eficaz usando los medios adecuados. La sintomatología no es suficiente para su diagnóstico debido a su variedad como hemos visto y por su similitud a otras patologías como diversas dermatitis, hongos, ácaros, foliculitis bacteriana, etc. Aunque el conjunto de síntomas dan una idea bastante clara de la existencia de la enfermedad hay que confirmarla mediante pruebas laboratoriales, algunas de ellas de gran fiabilidad. También se pueden realizar métodos parasitológicos para detección del protozoo
El tratamiento de la leishmaniasis canina es difícil. Los fármacos usados son caros y todos requieren regímenes de varias dosis, lo que supone numerosas molestias tanto para los dueños como para el paciente. Consisten en comprimidos de alopurinol, así como en compuestos antimoniales (glucantime), que se aplican según prescripción del veterinario, que adaptará el tratamiento a las necesidades de cada caso concreto. El problema de estos fármacos es que presentan efectos secundarios adversos de consideración. Se deben hacer controles periódicos 2 o 3 veces al año, para ver la evolución de la enfermedad y detectar posibles recaídas, en cuyo caso se tiene que repetir el tratamiento. Recientemente ha aparecido en el mercado un nuevo fármaco que reduce enormemente los efectos secundarios.

No hay cura parasitológica para la enfermedad, sólo podemos resolver los síntomas clínicos. Es decir que tras el tratamiento el animal mejorará ostensiblemente pero con el tiempo aparece de nuevo (de hecho hay países que incluso no permiten el tratamiento de la enfermedad obligando al sacrificio del animal), aunque también hay que señalar que puede tardar muchos años en volver a aparecer si la respuesta al tratamiento ha sido positiva.
También es importante determinar la condición del paciente, puesto que ésta es la que nos permitirá considerar si las probabilidades de éxito del tratamiento son cuanto menos razonables. Además el tratamiento tiene más éxito si se inicia en las primeras fases de la enfermedad, de ahí la importancia de los controles serológicos periódicos, o al menos, acudir al veterinario ante las primeras sospecha de aparición de la enfermedad.

Con respecto a la prevención de la leishmaniosis hay que destacar en primer lugar que aunque se está investigando, aún no existe una vacuna eficaz contra ella por lo que las medidas preventivas que apliquemos son las únicas armas con las que contamos para prevenir la enfermedad. El mosquito vive en primavera y verano, e incluso en otoño si éste es cálido, siendo especialmente activo en el crepúsculo y al amanecer, y durante la noche. Por lo tanto, se recomienda no sacar al animal a la intemperie durante esos momentos y que duerma en el interior; además de aplicar durante esas épocas productos repelentes e insecticidas con la frecuencia y las dosis que recomiende el veterinario
Una forma bastante efectiva de control, donde los perros se saben reservorios, es prevenir la picadura de los flebotomos colocando a los perros collares impregnados con sustancias insecticidas que se liberan de forma prolongada. También comienzan a salir al mercado otros antiparasitasrios externos en forma de pipetas que contienen repelentes del flebótomo. Éste combinado con un buen programa público debería ser un método altamente efectivo.
Si un perro no recibe ninguna protección, el riesgo de contraer la leishmanisois varía entre un 3% y un 18%. El riesgo siempre aumenta si el animal permanece más en zonas rurales y periurbanas, en zonas más cálidas y si permanece en el exterior en los momentos de máxima actividad del vector, es decir al anochecer y al amanecer.


Igualmente es aconsejable que cada año en otoño-invierno se realice al animal una prueba específica para la detección de esta enfermedad, ya que el tratamiento es más efectivo si se diagnostica pronto

Una pregunta recurrente en los propietarios de un animal con leishmaniosis es si existe riesgo de contagio a las personas que conviven con él. Pues bien, aunque la leishmaniosis es una zoonosis, es decir, que está dentro del grupo de enfermedades transmisibles al hombre podríamos decir que el riesgo de contagio ya existe por el hecho de vivir en una zona endémica de Leishmaniosis, o sea una zona donde la enfermedad es de aparición frecuente todos los años. Por lo que recalcamos que no hay mayor riesgo al vivir con un perro enfermo, incluso estando en contacto con su sangre a través de una herida o de pincharnos con una aguja con su sangre, porque recordemos que se necesita que el parásito que está en esa sangre, permanezca y madure de 4 a 25 días en el mosquito para así adquirir capacidad infestante. De hecho, ni siquiera se transmite a través del útero, ni por la leche, así que los cachorros de una perra enferma nacerán sanos. De todas formas se desaconseja la reproducción en los animales enfermos, ya que el gasto orgánico y el stress de una gestación y lactación normalmente llevan a un empeoramiento del estado de la perra y a la aparición de nuevas lesiones y síntomas. La leishmaniosis es una enfermedad propia de climas cálidos que se transmite a través la picadura de un mosquito. Este factor determina que a muchos de nuestros clientes les cree confusión con otra enfermedad transmitida del mismo modo, la llamada filariosis o más conocida como el “gusano del corazón”. Sin embargo ésta desarrolla una sintomatología más concreta, con afecciones principalmente cardíacas. Y sobre todo es fácil de prevenir con un simple comprimido de un fármaco denominado ivermectina. Sin embargo la leishmaniosis, como veremos a continuación, es mucho más compleja.
Afecta tanto a machos como a hembras y no tiene mayor incidencia en unas especies que en otras. En algún estudio se ha detectado una mayor prevalencia en ciertas razas de perros de caza o razas de mayor tamaño, pero se ha llegado a la conclusión de que se debe a que son razas más expuestas al insecto vector que otras que habitan en un ambiente más doméstico y suelen ser razas de menor tamaño. Un factor que sí parece decisivo es la edad ya que en los estudios realizados si se observa que aumenta la prevalencia de la enfermedad hasta llegar al máximo a los 2 ó 3 años y luego va disminuyendo según avanza la edad, aunque a los 7 u 8 años vuelve a aumentar la incidencia de la enfermedad. Por eso estas dos etapas de la vida de un perro son las más susceptibles para que contraiga la leishmaniosis. El agente que provoca la enfermedad no es un parásito como en el caso de la filariosis que está provocada por un gusano y muy fácil de atacar farmacológicamente. Y tampoco es una bacteria por lo que no se puede combatir con antibióticos. Se trata de un protozoo que es un microorganismo unicelular mucho más complejo que las bacterias y más difíciles de combatir. De hecho, enfermedades tan graves como la malaria o la enfermedad del sueño están producidas por protozoos. Es transmitida por un mosquito llamado flebótomo, comúnmente conocido como “beatillas”, mucho más pequeño que los mosquitos que vemos normalmente durante las épocas estivales. No es nada fácil verlo, y tampoco oírlo, dado que no hace el típico zumbido al volar. Solamente pican las hembras, que necesitan sangre para desarrollar los huevos. Los machos se alimentan de azúcares y plantas. A diferencia de lo que se suele cree no hay más flebótomos en zonas acuáticas ya que no se reproduce en charcas o aguas estancadas sino en materia orgánica almacenada.
Cuando ese mosquito introduce su aparato chupador en un capilar de la piel del perro al que está picando el parásito se introduce en el mismo, pero sólo si antes había picado a otro perro infectado, ya que de lo contrario el mosquito no está infectado y no transmite la enfermedad. El parásito se transforma en el interior del mosquito en el que permanece entre 4 y 25 días. Es muy importante dejar claro que esta enfermedad no se transmite por contacto directo, secreciones (saliva, etc), heridas, orina ni heces.

Una vez introducido en la sangre a través de la probóscide del mosquito, la forma de diseminación de la enfermedad es por vía linfohematógena, es decir, a través del sistema linfático y del torrente circulatorio. Por eso es capaz de llegar a todos los órganos y tejidos lo que conlleva la enorme variedad de sintomatología que puede desarrollar esta enfermedad
El éxito o fracaso de la diseminación de la enfermedad con sintomatología clínica depende principalmente del sistema inmune del animal infectado, que si es potente puede eliminar por sí mismo al parásito o controlarlo en el interior de su organismo impidiendo la manifestación de los síntomas. Cuando el sistema inmune no es capaz de controlarlo comienza la diseminación por los órganos como piel o uñas, sangre, ojos, músculos, riñones, hígado, etc. De estas localizaciones dependen los síntomas clínicos que pueden ser dermatitis, piel seca, caspa, ulceraciones en la piel de difícil cicatrización, crecimiento excesivo de las uñas, apatía, debilidad, adelgazamiento progresivo, atrofias musculares, pérdida de pelo en zonas concretas como alrededor de los ojos (por lo que también se conoce a este síntoma la “cara de payaso” de la leishmaniosis por el aspecto que da al animal este tipo de alopecias), conjuntivitis, hemorragias nasales asociadas con la inflamación y ulceración de la mucosa nasal, alteraciones renales y hepáticas, etc.
El diagnóstico es bastante eficaz usando los medios adecuados. La sintomatología no es suficiente para su diagnóstico debido a su variedad como hemos visto y por su similitud a otras patologías como diversas dermatitis, hongos, ácaros, foliculitis bacteriana, etc. Aunque el conjunto de síntomas dan una idea bastante clara de la existencia de la enfermedad hay que confirmarla mediante pruebas laboratoriales, algunas de ellas de gran fiabilidad. También se pueden realizar métodos parasitológicos para detección del protozoo
El tratamiento de la leishmaniasis canina es difícil. Los fármacos usados son caros y todos requieren regímenes de varias dosis, lo que supone numerosas molestias tanto para los dueños como para el paciente. Consisten en comprimidos de alopurinol, así como en compuestos antimoniales (glucantime), que se aplican según prescripción del veterinario, que adaptará el tratamiento a las necesidades de cada caso concreto. El problema de estos fármacos es que presentan efectos secundarios adversos de consideración. Se deben hacer controles periódicos 2 o 3 veces al año, para ver la evolución de la enfermedad y detectar posibles recaídas, en cuyo caso se tiene que repetir el tratamiento. Recientemente ha aparecido en el mercado un nuevo fármaco que reduce enormemente los efectos secundarios.
No hay cura parasitológica para la enfermedad, sólo podemos resolver los síntomas clínicos. Es decir que tras el tratamiento el animal mejorará ostensiblemente pero con el tiempo aparece de nuevo (de hecho hay países que incluso no permiten el tratamiento de la enfermedad obligando al sacrificio del animal), aunque también hay que señalar que puede tardar muchos años en volver a aparecer si la respuesta al tratamiento ha sido positiva.
También es importante determinar la condición del paciente, puesto que ésta es la que nos permitirá considerar si las probabilidades de éxito del tratamiento son cuanto menos razonables. Además el tratamiento tiene más éxito si se inicia en las primeras fases de la enfermedad, de ahí la importancia de los controles serológicos periódicos, o al menos, acudir al veterinario ante las primeras sospecha de aparición de la enfermedad.

Con respecto a la prevención de la leishmaniosis hay que destacar en primer lugar que aunque se está investigando, aún no existe una vacuna eficaz contra ella por lo que las medidas preventivas que apliquemos son las únicas armas con las que contamos para prevenir la enfermedad. El mosquito vive en primavera y verano, e incluso en otoño si éste es cálido, siendo especialmente activo en el crepúsculo y al amanecer, y durante la noche. Por lo tanto, se recomienda no sacar al animal a la intemperie durante esos momentos y que duerma en el interior; además de aplicar durante esas épocas productos repelentes e insecticidas con la frecuencia y las dosis que recomiende el veterinario
Una forma bastante efectiva de control, donde los perros se saben reservorios, es prevenir la picadura de los flebotomos colocando a los perros collares impregnados con sustancias insecticidas que se liberan de forma prolongada. También comienzan a salir al mercado otros antiparasitasrios externos en forma de pipetas que contienen repelentes del flebótomo. Éste combinado con un buen programa público debería ser un método altamente efectivo.
Si un perro no recibe ninguna protección, el riesgo de contraer la leishmanisois varía entre un 3% y un 18%. El riesgo siempre aumenta si el animal permanece más en zonas rurales y periurbanas, en zonas más cálidas y si permanece en el exterior en los momentos de máxima actividad del vector, es decir al anochecer y al amanecer.

Igualmente es aconsejable que cada año en otoño-invierno se realice al animal una prueba específica para la detección de esta enfermedad, ya que el tratamiento es más efectivo si se diagnostica pronto

Una pregunta recurrente en los propietarios de un animal con leishmaniosis es si existe riesgo de contagio a las personas que conviven con él. Pues bien, aunque la leishmaniosis es una zoonosis, es decir, que está dentro del grupo de enfermedades transmisibles al hombre podríamos decir que el riesgo de contagio ya existe por el hecho de vivir en una zona endémica de Leishmaniosis, o sea una zona donde la enfermedad es de aparición frecuente todos los años. Por lo que recalcamos que no hay mayor riesgo al vivir con un perro enfermo, incluso estando en contacto con su sangre a través de una herida o de pincharnos con una aguja con su sangre, porque recordemos que se necesita que el parásito que está en esa sangre, permanezca y madure de 4 a 25 días en el mosquito para así adquirir capacidad infestante. De hecho, ni siquiera se transmite a través del útero, ni por la leche, así que los cachorros de una perra enferma nacerán sanos. De todas formas se desaconseja la reproducción en los animales enfermos, ya que el gasto orgánico y el stress de una gestación y lactación normalmente llevan a un empeoramiento del estado de la perra y a la aparición de nuevas lesiones y síntomas.